Son tres proyectos ingresados al Concejo de Rosario que apuntan a reformular el sistema de transporte público. Incluyen desde el uso de biocombustibles santafesinos hasta recorridos flexibles coordinados mediante aplicaciones y datos en tiempo real.
Con el sistema de transporte urbano atravesando una crisis estructural y a meses del vencimiento de la actual concesión del Transporte Urbano de Pasajeros (TUP), ingresó al Concejo Municipal de Rosario un paquete de proyectos que propone avanzar en una transformación energética, tecnológica y operativa del sistema.
Las iniciativas fueron presentadas por el concejal socialista Federico Lifschitz y aparecen en un contexto marcado por la emergencia económica-financiera del transporte local y la eliminación de subsidios nacionales al interior del país.
Los expedientes plantean tres líneas de acción conectadas entre sí: incorporar biodiésel santafesino en la flota actual, avanzar progresivamente hacia colectivos a GNC y estudiar un sistema de transporte “flexible” o “a demanda” basado en aplicaciones y algoritmos.
Biodiésel: la medida más inmediata
De las tres propuestas, la que aparece con mayor posibilidad de implementación rápida es la vinculada al uso de biodiésel en las unidades actuales del sistema.
El proyecto encomienda al Departamento Ejecutivo municipal la realización de un estudio de factibilidad técnica, económica y ambiental para avanzar en una reconversión progresiva de la flota diésel de la empresa MOVI hacia biocombustibles renovables de producción santafesina.
Entre los fundamentos, la iniciativa recuerda la experiencia del Programa Bio Bus implementado en Rosario en 2018 junto al gobierno provincial, donde se comprobó la viabilidad técnica y operativa del uso de biodiésel en colectivos urbanos.
Según el expediente, el biodiésel producido en Santa Fe se ubicó “de manera recurrente” hasta un 20% por debajo del precio del gasoil convencional utilizado actualmente por el TUP.
“Estamos hablando de algo que podés hacer en lo inmediato, que no requiere ningún tipo de inversión ni modificaciones en los motores diésel”, sostuvo Lifschitz al defender la propuesta.
Uno de los aspectos centrales del proyecto es que no plantea únicamente un cambio de combustible, sino una estrategia de transición energética integral. Por eso, el estudio solicitado deberá evaluar costos comparativos, adaptación de motores, impacto ambiental, proveedores regionales y hasta un cronograma con metas anuales verificables para alcanzar una flota completamente operativa con biocombustibles renovables.
Además del ahorro operativo, el expediente incorpora un fuerte componente productivo y ambiental. Entre sus argumentos, sostiene que el uso de biodiésel fortalece las cadenas industriales regionales vinculadas a la soja, reduce emisiones contaminantes y mejora la calidad del aire urbano.

El antecedente de los colectivos a GNC
El segundo proyecto apunta a profundizar una política que Rosario ya comenzó a transitar: la incorporación de colectivos propulsados a Gas Natural Comprimido (GNC).
La iniciativa toma como antecedente directo la licitación impulsada por el municipio para la compra de 45 colectivos cero kilómetro a GNC destinados a MOVI.
El expediente propone que todas las futuras incorporaciones al sistema evalúen tecnologías limpias y establece como horizonte alcanzar el 100% de la flota bajo esquemas de propulsión sustentable en un plazo máximo de diez años.
Según los fundamentos del proyecto, el GNC permitiría reducir significativamente los costos operativos del sistema debido a que su precio es considerablemente menor al de los combustibles líquidos tradicionales.
El texto también subraya beneficios ambientales y sanitarios, al considerar que el GNC reduce emisiones de gases de efecto invernadero y material particulado.
“Con la totalidad de la flota circulando a gas alcanzamos un ahorro de más de 16 millones de dólares al año. Con ese dinero compramos siete colectivos nuevos cada mes”, afirmó Lifschitz.
La iniciativa además menciona antecedentes similares en otras jurisdicciones. Entre ellos, destaca la decisión de la Buenos Aires de exigir desde 2027 que todas las nuevas unidades incorporadas al transporte público utilicen propulsión eléctrica o a GNC.

Colectivos “a demanda” y recorridos dinámicos
El tercer expediente es probablemente el más innovador —y también el más complejo de implementar— dentro del paquete legislativo.
La propuesta impulsa la realización de un estudio para analizar la viabilidad de un sistema de Transporte Público Flexible, basado en recorridos y frecuencias dinámicas ajustadas mediante datos en tiempo real.
El proyecto parte de una crítica al esquema tradicional de líneas y horarios fijos, al considerar que hoy existen sectores y horarios con colectivos prácticamente vacíos y otros con cobertura insuficiente.
La idea es avanzar hacia un modelo donde los usuarios puedan solicitar el servicio mediante aplicaciones móviles y el sistema reorganice recorridos y frecuencias según la demanda real.
“Hoy el usuario tiene poca frecuencia e inexactitud en las horas de llegada. También circulan colectivos totalmente vacíos durante la noche, con costos altísimos y recursos dilapidados”, explicó Lifschitz.
El expediente propone incluso desarrollar pruebas piloto experimentales en franjas horarias o zonas específicas de la ciudad.

Cómo funciona el modelo en Europa
La iniciativa toma como referencia experiencias desarrolladas en Lisboa, Múnich y distintas ciudades de España como Torre Baró, Vallirana y Sant Cugat del Vallès.
En esos modelos, los pasajeros solicitan el viaje mediante una aplicación y reciben información en tiempo real sobre el punto de encuentro más cercano y el horario estimado de llegada del vehículo.
El sistema reorganiza automáticamente recorridos y frecuencias según la demanda acumulada, especialmente durante horarios nocturnos o zonas de baja utilización.
Según los fundamentos incorporados en el expediente, este tipo de esquemas logró reducir hasta un 80% los tiempos de espera en horarios de baja demanda y mejorar la cobertura del servicio.
No obstante, el propio proyecto reconoce que la implementación requeriría un alto nivel de digitalización, información estadística en tiempo real y adaptación tecnológica del sistema local.
Las tres iniciativas aparecen articuladas bajo una misma lógica: el biodiésel como herramienta inmediata para bajar costos, el GNC como política estructural de transición energética y la digitalización como una posible evolución futura del transporte urbano rosarino.
Proyecto Uso de Biocombustible
Proyecto de GNC
Proyecto de TUP Flexible

