Mientras Rosario debate nuevas inversiones vinculadas a su frente costero, un pedido de informes impulsado en el Concejo Municipal volvió a poner bajo la lupa qué hace la ciudad con sus líquidos cloacales antes de llegar al Paraná. Estudios técnicos y antecedentes judiciales estimaron descargas equivalentes a una pileta olímpica cada 10 minutos hacia el río. Cada una de esas estructuras puede contener alrededor de 2,5 millones de litros de agua.
La iniciativa fue impulsada por el concejal Mariano Romero junto a Pablo Basso y María José Poncino, y busca conocer qué hizo el Estado hasta ahora y qué tiene previsto hacer hacia adelante respecto del Emisario Sur y el Emisario 9, dos estructuras centrales dentro del sistema vinculado a la evacuación de efluentes de la ciudad. El pedido de informes incluye además estudios ambientales, intervenciones proyectadas, gestiones realizadas ante Provincia y Aguas Santafesinas y un punto particularmente sensible: si existe planificación local o provincial para avanzar en plantas de tratamiento de líquidos cloacales.
La discusión vuelve a poner sobre la mesa una problemática que Rosario todavía no terminó de resolver y cuya dimensión resulta difícil de ignorar.
Distintos antecedentes técnicos, ambientales y judiciales estimaron que diariamente llegan al Paraná alrededor de 350 millones de litros de efluentes cloacales e industriales provenientes del área metropolitana. Traducido a una dimensión más cotidiana, equivale a más de cien piletas olímpicas volcadas cada día.
La cifra impacta, pero detrás del número aparece una realidad todavía más incómoda: Rosario creció durante décadas alrededor del Paraná, expandió su frente costero y profundizó su vínculo cotidiano con el río, mientras el tratamiento integral de los efluentes quedó como una discusión abierta que atraviesa distintas gestiones desde hace años.
Qué son el Emisario Sur y el Emisario 9
Buena parte de la discusión actual vuelve a concentrarse sobre dos componentes específicos del sistema cloacal rosarino: el Emisario Sur y el Emisario 9, dos grandes estructuras vinculadas a la evacuación de líquidos residuales que terminan descargándose hacia el río Paraná.
El Emisario 9 realiza su descarga sobre la costa central rosarina, a la altura de avenida Francia, frente al sector conocido como «El Barquito de Papel», mientras que el Emisario Sur se ubica en la zona sur de la ciudad, con salida hacia el río en el sector del acceso sur y Gutiérrez. Ambos forman parte de una infraestructura histórica sobre la cual hoy vuelven a aparecer preguntas vinculadas a mantenimiento, capacidad operativa, impacto ambiental y planificación futura.
Por eso el expediente impulsado desde el Concejo no apunta únicamente a conocer obras previstas o tareas de mantenimiento. También busca determinar qué estudios ambientales existen, qué intervenciones fueron proyectadas y si existe una decisión política concreta para avanzar hacia un esquema más moderno de tratamiento de efluentes.
Porque detrás del debate aparece una pregunta inevitable: ¿cómo puede una ciudad de la dimensión de Rosario seguir discutiendo una problemática que especialistas ambientales y técnicos vienen señalando desde hace décadas?
El agua que Rosario toma y la que vuelve al río
La discusión sobre el tratamiento de líquidos cloacales también abre otra dimensión menos visible, pero igualmente sensible: la relación cotidiana que Rosario mantiene con el Paraná.
La ciudad extrae del río cientos de millones de litros diarios para abastecer hogares, industrias, comercios y servicios. Datos de consumo informados en distintos momentos por Aguas Santafesinas ubican el uso promedio entre 250 y 300 litros diarios por habitante, un volumen que proyectado sobre el área metropolitana permite dimensionar la escala del sistema que abastece a más de un millón de personas.
En paralelo, distintos antecedentes técnicos y peritajes incorporados a investigaciones judiciales estimaron que diariamente vuelven al Paraná alrededor de 350 millones de litros de efluentes cloacales e industriales.
La comparación no implica que toda el agua utilizada termine convertida directamente en líquidos cloacales, pero sí expone una discusión ambiental de fondo que Rosario arrastra desde hace décadas: cómo garantizar que una ciudad que toma del río el recurso que abastece su vida cotidiana también avance hacia sistemas capaces de devolverlo en mejores condiciones ambientales.

Rosario toma agua del río.
Una deuda que atraviesa gobiernos
La discusión sobre el tratamiento integral de líquidos cloacales no nació ahora ni responde exclusivamente a una administración puntual. Rosario arrastra esa deuda desde hace décadas, en un proceso donde el crecimiento urbano avanzó mucho más rápido que las obras sanitarias necesarias para acompañarlo y donde distintos gobiernos municipales y provinciales fueron acumulando una problemática que todavía permanece abierta.
Durante las últimas décadas Rosario ganó población, consolidó nuevas áreas urbanizadas y expandió servicios e infraestructura para acompañar el crecimiento metropolitano. Sin embargo, el tratamiento integral de efluentes continuó atravesando distintas etapas políticas sin alcanzar una solución definitiva.
La deuda no distingue signos partidarios ni períodos de gobierno.
Desde las gestiones socialistas que gobernaron Rosario durante más de dos décadas, pasando por distintos gobiernos provinciales y llegando hasta las administraciones actuales, la problemática continuó pendiente. Miguel Lifschitz durante su etapa como intendente y posteriormente como gobernador, Omar Perotti, Pablo Javkin y la actual administración provincial encabezada por Maximiliano Pullaro forman parte de una línea temporal donde Rosario siguió creciendo mientras la infraestructura sanitaria vinculada al tratamiento integral de líquidos cloacales no avanzó al mismo ritmo.
El desafío, además, no resulta menor desde el punto de vista técnico ni económico.
Las plantas depuradoras forman parte de la infraestructura sanitaria esencial porque permiten reducir significativamente la carga biológica y química antes de devolver el agua a los cursos naturales. No eliminan completamente el impacto ambiental, pero sí permiten disminuir el impacto sobre ecosistemas que sostienen buena parte de la vida urbana y productiva de una región.
Se trata de obras de gran escala que requieren inversiones millonarias, planificación sostenida y continuidad política durante años, una combinación que muchas veces choca contra tiempos de gestión más cortos, prioridades presupuestarias cambiantes y decisiones que suelen privilegiar intervenciones de impacto más inmediato.

La planta de la empresa ASSA funciona al sur de la ciudad de Rosario. – Imagen: Unidad Fiscal Rosario.
Una problemática que llegó a la Justicia Federal
La discusión por los efluentes cloacales dejó hace tiempo de limitarse al plano ambiental para ingresar de lleno en el terreno judicial.
La causa comenzó a tomar forma a mediados de 2021, luego de una denuncia impulsada por la Asociación Civil Cuenca Río Paraná, que advirtió sobre descargas contaminantes provenientes de la Planta de Recepción Emisario Sur, ubicada en la zona sur de Rosario, donde además se reciben líquidos transportados por camiones atmosféricos. A partir de esa presentación, fiscales federales y especialistas ambientales comenzaron a avanzar sobre una investigación que incorporó estudios técnicos, peritajes y toma de muestras para analizar el impacto sobre el río Paraná.
Según los peritajes incorporados a la causa, entre septiembre de 2018 y octubre de 2021 se habrían producido descargas diarias cercanas a los 350 millones de litros de efluentes cloacales desde la Planta de Recepción Emisario Sur, ubicada en avenida Circunvalación y Ayolas. Los análisis realizados durante la investigación detectaron parámetros asociados a contaminación cloacal, presencia de bacterias como Escherichia coli, coliformes termotolerantes y valores elevados de determinados compuestos analizados durante las actuaciones judiciales.
El avance de la investigación derivó en mayo de 2024 en el procesamiento de cinco exdirectivos y un exgerente de Aguas Santafesinas S.A., en una resolución dictada por el Juzgado Federal Nº 3 de Rosario. Sin embargo, posteriormente la Cámara Federal de Rosario revocó esos procesamientos al considerar que los efluentes cloacales no podían ser encuadrados dentro del régimen penal de residuos peligrosos, una interpretación que más adelante sería cuestionada.
El expediente volvió a tomar impulso a fines de 2025, cuando la Cámara Federal de Casación Penal anuló aquel fallo y ordenó continuar la investigación. En esa resolución, el máximo tribunal penal del país sostuvo que la protección ambiental también alcanza a las empresas de servicios públicos y consideró que la investigación debía seguir avanzando para determinar responsabilidades sobre los vertidos contaminantes al Paraná.
La dimensión judicial terminó trasladando una discusión histórica al plano institucional y volvió a poner bajo análisis una problemática ambiental que durante años quedó fuera del centro del debate público.

Imagen: Unidad Fiscal Rosario.
Las obras que pocas veces generan votos
El pedido impulsado por Mariano Romero aparece además en un contexto donde Rosario atraviesa un debate más amplio sobre las prioridades de inversión vinculadas a su frente costero. La discusión alrededor del parque acuático, cuya inversión fue estimada públicamente en alrededor de 9 millones de dólares, terminó funcionando como un disparador inesperado de una pregunta mucho más profunda y estructural, que excede ampliamente una obra puntual y atraviesa décadas de decisiones políticas, planificación urbana e infraestructura sanitaria.
La discusión no pasa necesariamente por establecer una competencia entre una inversión recreativa y una obra ambiental, sino por entender cuáles son las prioridades de una ciudad que durante años desarrolló espacios públicos sobre el Paraná, consolidó su costa como ámbito de encuentro, recreación y desarrollo urbano, pero que todavía mantiene pendiente una infraestructura considerada esencial.
Las grandes obras sanitarias rara vez ocupan el centro del debate público. No suelen ofrecer imágenes de alto impacto político ni inauguraciones visibles que rápidamente se transformen en símbolos de gestión. Sin embargo, son las inversiones que terminan definiendo durante décadas la calidad ambiental, sanitaria y urbana de una ciudad.
La discusión por los efluentes volvió a emerger ahora a partir de un expediente legislativo concreto y de una pregunta que atraviesa distintos niveles del Estado desde hace años: si Rosario debe seguir administrando esta problemática bajo el esquema actual o si finalmente llegó el momento de discutir una infraestructura sanitaria de escala acorde a la dimensión metropolitana que la ciudad alcanzó hace tiempo.
Proyecto presentado en el Concejo Municipal de Rosario
Expediente Nº 280289-P-2026. Pedido de informes impulsado por Mariano Romero, Pablo Basso y María José Poncino sobre el estado del Emisario Sur, Emisario 9, estudios ambientales y eventuales planes de tratamiento de efluentes.

