Mientras el Concejo debate el Plan Integral de Movilidad, un informe sobre frecuencias abrió una discusión de fondo: cuánto debería crecer la oferta del sistema para que la espera vuelva a niveles similares a los de 2023. Javkin cuestionó la metodología del relevamiento y defendió la renovación de la flota, pero los números muestran que la mejora del servicio exige algo más que incorporar coches modernos.
El debate por el transporte urbano de Rosario volvió al centro de la agenda política y social. En medio del tratamiento del Plan Integral de Movilidad en el Concejo Municipal, el intendente Pablo Javkin salió a responder los datos de un relevamiento del Observatorio Social del Transporte, que advirtió un deterioro en las frecuencias de colectivos respecto de 2023.
El informe fue realizado en el microcentro, en la esquina de Santa Fe y Laprida, donde se relevaron 20 líneas de colectivo, equivalentes al 38% del sistema. Según ese trabajo, la frecuencia promedio fue de 14 minutos y 42 segundos, con un empeoramiento del 55% en relación con los registros de 2023.
Traducido a términos simples, ese deterioro implica que para volver a una frecuencia cercana a los 9 minutos y medio haría falta aumentar la oferta en torno al 55%. Si se toma como referencia una flota operativa cercana a las 700 unidades, el sistema debería contar con aproximadamente 1.085 colectivos en calle para alcanzar ese nivel de frecuencia, es decir, unos 350 a 400 coches adicionales.
La cuenta no es exacta línea por línea, porque depende de recorridos, tiempos de vuelta, demanda y distribución de unidades. Pero sí permite dimensionar el problema: mejorar la frecuencia no depende únicamente de renovar colectivos, sino de sumar más oferta efectiva en la calle.
Javkin cuestionó la metodología del relevamiento. “Tenemos estabilizado el número de pasajeros”, sostuvo, y planteó que medir desde una sola esquina durante un día puede ofrecer una imagen parcial del sistema. “Si hay una obra de agua, puede pasar que una línea demore más que otra”, señaló.

El intendente defendió que hoy el municipio cuenta con herramientas de control por GPS y remarcó que el seguimiento diario permite tener una lectura más amplia del funcionamiento del transporte. También vinculó la situación del sistema con la quita de subsidios nacionales al interior y el aumento del costo del combustible.
En ese marco, la Municipalidad viene impulsando una renovación de unidades. En enero informó la incorporación de 20 colectivos 0 km para la línea 142 y destacó que ya eran 150 las unidades sumadas en el último año. También señaló que, en tres años, Rosario renovó casi la mitad de la flota y redujo la antigüedad promedio de 9,5 a 6 años.
A su vez, el municipio inició el proceso para incorporar 45 colectivos impulsados a GNC, una tecnología inédita para el sistema local. Según la información publicada, la licitación tiene un presupuesto oficial de $15.975 millones y apunta a reducir costos de operación, emisiones contaminantes y contaminación sonora.
Ese dato es relevante, pero también marca el límite de la respuesta actual: los colectivos nuevos mejoran accesibilidad, confort, eficiencia y antigüedad de la flota, pero no necesariamente alcanzan para recuperar por sí solos la frecuencia perdida. La discusión de fondo es cuántas unidades efectivas necesita Rosario circulando cada día para que el usuario espere menos.
El informe del Observatorio también advierte sobre la caída de pasajeros. Según ese relevamiento, en 2025 se alcanzó un mínimo de 41 millones de pasajes vendidos, apenas por encima de los registros de 2020, el año más crítico de la pandemia. Para sus autores, la tendencia exige medidas urgentes para recuperar usuarios y evitar que más personas migren hacia motos y autos particulares.

Así, el debate deja una pregunta central para el Plan Integral de Movilidad: Rosario no sólo necesita colectivos más nuevos, accesibles o eficientes. También necesita resolver cómo aumentar la oferta real del sistema para que la frecuencia vuelva a ser competitiva frente a otros medios de transporte.
En definitiva, la discusión no se reduce a si un informe mide mejor o peor la espera en una esquina. El punto de fondo es más concreto para el usuario: cuánto tarda el colectivo, cuántas unidades circulan y qué inversión hace falta para que el transporte público vuelva a ser una opción confiable.

