«Prioridades, Pablo, prioridades…»
La frase se repite una y otra vez en los comentarios de los lectores de Rosario24. Aparece debajo de las notas sobre los líquidos cloacales que la ciudad descarga al río Paraná, aparece cuando se informa sobre obras demoradas durante años y vuelve a surgir cada vez que se anuncia algún proyecto que, para muchos vecinos, parece quedar por detrás de necesidades mucho más urgentes.
No se trata de una consigna política ni de una crítica partidaria. Es, más bien, una expresión de frustración. La sensación de que Rosario sigue discutiendo problemas que deberían haber quedado en el pasado mientras destina tiempo, recursos y debate público a iniciativas que, siendo importantes, no necesariamente parecen las más urgentes.
La reciente discusión sobre los efluentes cloacales es un buen ejemplo. Mientras la ciudad proyecta nuevas obras en la costa y analiza propuestas recreativas para fortalecer su vínculo con el río, continúa pendiente una pregunta básica: ¿qué hace Rosario con todo aquello que devuelve al Paraná después de tomar de él el agua que consumen sus habitantes? La respuesta existe y es conocida, pero eso no elimina la incomodidad que genera. Mucho menos cuando el tema vuelve a instalarse en la agenda pública.
Las grandes obras urbanas suelen despertar entusiasmo. Son visibles, generan impacto y permiten mostrar transformaciones concretas. Una costanera renovada, un parque o un espacio recreativo son intervenciones que cualquier vecino puede recorrer y disfrutar. Sin embargo, las ciudades también dependen de otro tipo de infraestructura, aquella que casi nunca aparece en las fotografías inaugurales. Redes de saneamiento, desagües, sistemas de tratamiento y obras hidráulicas son inversiones menos atractivas desde el punto de vista político, pero muchas veces mucho más determinantes para la calidad de vida de la población.
Por eso el debate de fondo no debería centrarse en una obra específica. La verdadera discusión pasa por las prioridades. Gobernar implica elegir. Los recursos son limitados y las necesidades son innumerables. Cada decisión presupuestaria expresa una escala de valores y revela qué considera urgente una administración y qué puede esperar algunos años más.
En ese contexto, también resulta inevitable detenerse en otra cuestión. Pablo Javkin transita su segundo mandato como intendente de Rosario. Lleva más de seis años al frente de la ciudad y, por lo tanto, ya no puede explicarse el presente únicamente a partir de las herencias recibidas. Del mismo modo que corresponde reconocer los avances logrados durante su gestión, también es legítimo preguntarse por aquellas asignaturas pendientes que siguen sin resolverse.
La consigna oficial de que «Volvió Rosario» busca transmitir una ciudad que recupera dinamismo, actividad y protagonismo. Sin embargo, muchos vecinos parecen formular una pregunta diferente: ¿volvió de dónde? Porque si Rosario aún mantiene problemas estructurales vinculados al saneamiento, la infraestructura y el ambiente, entonces la recuperación no puede medirse solamente por aquello que se ve. También debe evaluarse por aquello que logra resolver.
Tal vez el problema no sea la construcción de nuevas obras recreativas. Tal vez tampoco sea la recuperación de espacios públicos o la búsqueda de una ciudad más atractiva. El verdadero problema aparece cuando esas iniciativas parecen avanzar con mayor velocidad que cuestiones básicas que afectan directamente la salud ambiental, el funcionamiento urbano o la calidad de vida de los rosarinos.
Las ciudades se construyen tanto con las obras que exhiben como con aquellas que permanecen ocultas bajo tierra. Y aunque estas últimas rara vez generan fotografías espectaculares o actos multitudinarios, son las que terminan definiendo si una comunidad avanza sobre bases sólidas o simplemente maquilla problemas que continúan esperando una solución definitiva.
Quizás por eso la frase sigue apareciendo en los comentarios. No porque los vecinos rechacen las nuevas obras, sino porque reclaman una discusión más profunda sobre qué necesita Rosario y qué puede esperar. En definitiva, una discusión sobre algo tan simple y tan complejo como establecer prioridades.
Prioridades, Pablo, prioridades.

